Esta labor a través del movimiento se ofrece tanto para bailarines como para personas que conectan y se sienten cómodas con esta forma trabajo.

Se ofrece un lugar de reflexión y creatividad, donde descubrirse, encontrarse consigo mismo, y profundizar en sus motivaciones, sus emociones y la forma en que su cuerpo puede expresarlas.

Un espacio en el que la persona pueda hacer consciente de dónde provienen algunas dificultades, y del potencial infinito que cada uno de nosotros tenemos.

Bailamos con el cuerpo, con la mente y con el corazón. Factores personales, sociales, culturales, etc. marcan nuestra capacidad creativa y nuestro desarrollo artístico. Ser conscientes de ello nos lleva a la aceptación de lo que somos, nos da confianza, autenticidad, nos permite vivir desde dentro.

Desde uno mismo y con uno mismo, para poder llegar a los demás.