Psicología de la vida cotidiana

Los padres y el mundo emocional

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Veo en el día a día muchos tipos de padres, todos deseosos de poder ayudar a sus hijos, aunque no todos tienen las mismas habilidades y recursos personales para hacerlo. Algunos se mueven bien por el mundo de los sentimientos, y son conscientes de que hay cosas de su mundo emocional que están interfiriendo en la relación con su hijo. A otros les cuesta dejar la norma y educación a un lado para poder acercarse desde otro sitio a ellos, pero todos vienen por una motivación fundamental: algo no va bien, y no quieren que su hijo sufra.
Es ese amor, la fuerza movilizadora más grande que tenemos, la mayor baza de los terapeutas para poder hacer nuestro trabajo.
Cuando consultan, comienzo a intuir qué padres pueden escuchar y entender algunas cosas y qué padres quizás no.
Sin embargo, algo que voy aprendiendo con el tiempo es que hay familias que tienen más dificultad para acercarse y entender a sus hijos, pero eso no es motivo para desistir. Como cuando comenzamos a escuchar un idioma nuevo, no entendemos y además no podemos dar una respuesta, porque no hay recursos. O cuando un niño está aprendiendo, que no podemos ponerlo a andar cuando no sostiene la cabeza.
Lo importante es estar ahí en el momento justo para dar el siguiente paso que la persona puede asumir.
Hace tiempo una familia muy preocupada por su hijo vino a visitarme. Para el papá, con una carrera y profesión técnica y con el mundo más o menos controlado, la variable de las emociones, aparecía como una variable un tanto amenazante, ya que no era predecible ni se podía controlar. No se sentía muy cómodo en el trabajo psicológico y lo hacía notar.
Puedo entender que se sintiera así, no era algo contra mí o contra mi trabajo, es algo que va mucho más allá.
Intenté acercarme a su mundo para poder entender y nunca dejé de hacerle ver lo que creía que era importante para su hijo. Eso sí, poco a poco, atisbando qué podía tolerar para que pudiéramos avanzar en el trabajo.
A día hoy este padre ha podido conectar con su hijo. Por un momento, se olvidó de la disciplina, de lo que está bien y lo que está mal, de las exigencias, y lo miró a los ojos.
Y pudo escucharlo. Y se abrió una puerta hacia el cambio.
Nadie dice que sea definitivo, pero estas experiencias producen pequeñas modificaciones, que hace que haya algo, que no vuelva a ser igual.
La mayoría de las ocasiones la respuesta está dentro de nosotros, pero no lo sabemos, o veces es que solos, no podemos hallarla.
Me gusta pensar en la posibilidad infinita del ser humano.
Aún más, cuando es movida por el amor de un padre, hacia un hijo.

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