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El idioma de los niños

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¿Cómo ayudar a un niño a través de una psicoterapia? ¿En qué consiste el proceso?

Muchas son las preguntas que surgen a las familias que tienen a su hijo en tratamiento. La psicoterapia con niños, no es fácil y  tiene connotaciones diferentes al trabajo con adultos.

Entendemos que un adulto, intenta poner palabras al sufrimiento que tiene para que el analista pueda comprender cómo se siente y comenzar así un proceso que le redescubra a sí mismo y le otorgue de nuevo la posibilidad de tomar decisiones y dar respuestas a algunos problemas.

Sin embargo, la posibilidad que tiene un niño de transmitir con la palabra, puede verse más reducida dependiendo de la edad,  de la conciencia del problema y de las facilidades que tenga o no, para poder expresarse.

Un aspecto importante es que un niño no depende de él mismo para ir a sesión. El compromiso del tratamiento se adquiere no sólo con él, sino con las personas que lo traen a terapia. Si los padres se quedan ajenos a este proceso, el niño es posible que no pueda mejorar.

Avanzar junto a la familia en este camino conlleva algunas dificultades, ya que a veces implica modificar algunos aspectos en los adultos, para los que no siempre se está preparado cuando se trae al niño a tratamiento. Fijar un encuadre, ayuda a estructurar, a entender y a calmar algunas ansiedades especialmente del inicio.

Una vez el terapeuta entra en contacto con el niño, se plantea diferentes cuestiones.

¿Cómo abordar el trabajo en sesión? ¿Cómo entender lo que está pasando?

Las emociones, sentimientos o conflictos, salen a la luz a través del cuerpo, del dibujo o del juego, siendo estos medios, instrumentos muy valiosos que nos llevan a poder conocer el mundo interior del niño y a encontrar el camino para poder ayudarle.

A los niños, sobre todo los más pequeños, poder expresarse de esta manera, les ayuda a elaborar psíquicamente algo que le ha impresionado, re-creándolo y haciéndolo suyo. Observamos a un niño jugando a ser un superhéroe, creando un espacio en el que todo lo puede, viéndose capaz de hacer cosas para él imposibles, soñando despierto, expresando su deseo y a la vez elaborando miedos.

Es a través del juego donde el niño proyecta sus ansiedades y a través del cual puede descubrir junto con el analista, qué puede ser que esté ocurriendo y comenzar a elaborar conflictos.

A nosotros, los terapeutas, nos ayuda a entender evolutivamente dónde se haya detenido o atrapado.

Si el niño está muy contenido, y le cuesta expresarse, todas las actividades plásticas, la música, la danza, ayudan a llegar a la emoción,  a partir de ahí, poner palabras y abrir espacios donde pueda comenzar a crear por él mismo,y así poder crecer.

Como dice Winnicott, el juego es terapéutico por sí sólo, porque jugando, el niño está construyendo su propio aparato psíquico y la relación de éste, con el mundo exterior.

El trabajo con niños, supone un reto y un interesante camino que descubrir con cada uno de ellos. Es  una labor que reclama la propia creatividad del terapeuta, donde poder inventar para contactar con el niño, para poder descubrirlo, para poder dar respuestas que lo movilicen.

Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan.

                                                                            Antonie de Saint-Exupéry. El Principito

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